Kanoba.

Fusing y moldeado del vidrio:
del corte a la curva de recocido

Kanoba reúne apuntes de taller sobre el trabajo del vidrio en horno: qué vidrios pueden convivir en una misma pieza, cómo se prepara la placa antes de cerrar la tapa y qué ocurre dentro del horno en cada tramo del ciclo.

El material está escrito para quien ya tiene un horno delante y necesita entender por qué una cocción sale limpia y la siguiente aparece con burbujas, puntas o una grieta.

Piezas de vidrio de color clasificadas antes del montaje: separar por tono y por tipo de vidrio evita mezclas incompatibles en la misma placa.
Piezas planas de vidrio de colores dispuestas sobre una superficie de trabajo antes de montar una placa para fusing

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Compatibilidad: el coeficiente de dilatación manda

Dos vidrios sólo pueden fundirse juntos si se dilatan y se contraen prácticamente al mismo ritmo. Ese ritmo se expresa con el coeficiente de dilatación térmica, abreviado como COE en casi toda la literatura de taller. Los vidrios planos de color pensados para horno se agrupan sobre todo en dos familias, COE 90 y COE 96, y no se mezclan entre sí. El vidrio flotado de ventana, más cercano a 84, forma una tercera familia aparte que se trabaja sola.

La cifra por sí sola no basta. Dentro de una misma familia, un fabricante ajusta sus colores para que sean compatibles entre ellos, de modo que la garantía real es la marca y la serie, no el número. Cuando se compran restos sueltos o retales de segunda mano, la procedencia se pierde y con ella la certeza.

La tensión residual de una mezcla incompatible no siempre se ve al abrir el horno. Puede aparecer semanas después como una grieta fina que recorre la unión entre dos colores, o cuando la pieza recibe un pequeño golpe térmico al limpiarla con agua caliente. Por eso conviene comprobar antes de comprometer una pieza grande.

Prueba de compatibilidad en placa

  1. Corta tiras estrechas de cada vidrio dudoso, de unos 15 por 60 milímetros.
  2. Colócalas sobre una base clara transparente de compatibilidad conocida, dejando un pequeño espacio entre ellas.
  3. Cuece la placa con un ciclo normal de fusión completa y su recocido habitual.
  4. Observa la placa fría entre dos filtros polarizados: un halo luminoso alrededor de una tira indica tensión y descarta ese vidrio.
  5. Anota el resultado junto a la referencia del vidrio; la memoria es el eslabón que primero falla en un taller.

Un polariscopio casero se monta con dos láminas polarizadas y una fuente de luz difusa. Es una de las pocas herramientas de comprobación que dan una respuesta inmediata y visible, y cuesta muy poco montarla.

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Corte, limpieza y montaje de la placa

El corte del vidrio para horno no se diferencia del corte para vidriera: una rueda de carburo bien lubricada, una pasada continua y firme, y separación inmediata con tenazas o con presión bajo la línea. Repasar dos veces la misma raya estropea la rueda y deja un canto astillado que después atrapa aire.

La limpieza es más determinante de lo que parece. El aceite de corte, las huellas dactilares y el polvo de la mesa se carbonizan durante la subida de temperatura y dejan un velo grisáceo o pequeñas manchas atrapadas entre capas. Alcohol isopropílico y un paño que no suelte pelusa resuelven casi todo; el papel de cocina deja fibras que también quedan cocidas dentro del vidrio.

El equilibrio de los seis milímetros

Una masa de vidrio fundida sin contención tiende a estabilizarse alrededor de seis milímetros de espesor. De ahí salen dos consecuencias prácticas. Una placa formada por dos capas de tres milímetros mantiene su contorno con bastante fidelidad. Una sola capa de tres milímetros, en cambio, se encoge hacia dentro y engorda por el borde, deformando el diseño. Y una placa de más de seis milímetros se extiende hacia fuera si nada la retiene, por lo que necesita un dique de fibra cerámica alrededor.

  • Monta en seco y comprueba el conjunto a la altura de los ojos antes de trasladarlo al horno.
  • Deja los cantos vivos del corte hacia arriba siempre que puedas: se redondean mejor.
  • Evita apilar tres capas en un punto y una sola en el punto contiguo; el desnivel se traduce en tensión.
  • Si usas pequeñas gotas de cola blanca diluida para fijar el montaje, que sean mínimas y estén bien secas antes de la cocción.
  • Traslada la placa ya montada sobre la propia base del horno, no sobre una bandeja intermedia.

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Separadores y moldes cerámicos

El vidrio caliente se pega a todo lo que toca. Entre la pieza y la base del horno siempre hay que interponer un separador, y la elección condiciona el acabado de la cara inferior.

Imprimación de alúmina y caolín
Se aplica diluida en agua con brocha blanda, en cuatro o cinco capas cruzadas en ángulo recto, dejando que cada una pierda el brillo antes de la siguiente. Da una cara inferior mate y uniforme. Se cura con el propio calor del horno y se retira con agua entre proyectos, cuando empieza a desprenderse en escamas.
Papel de fibra cerámica
Rápido de colocar y desechable. Deja una textura fina característica y sirve para separar zonas o construir diques. Después de la cocción se vuelve quebradizo y libera polvo: se humedece ligeramente antes de recogerlo y se manipula con mascarilla.
Moldes de arcilla refractaria
Deben estar completamente secos antes de subir de temperatura, porque la humedad retenida se convierte en vapor y puede reventar el molde. Se imprimen con la misma mezcla de alúmina y caolín, con especial cuidado en las zonas cóncavas.
Moldes de acero inoxidable
Requieren separador y, sobre todo, respeto por la diferencia de contracción: el metal se contrae más que el vidrio al enfriar, así que sólo se usan formas de las que la pieza pueda salir sin quedar aprisionada.

Los moldes cerrados necesitan orificios de ventilación en el punto más bajo. Sin ellos, el aire atrapado bajo el vidrio no tiene salida y aparece una burbuja central que crece hasta deformar la pieza. Antes de cada cocción conviene comprobar que esos orificios siguen libres de restos de imprimación.

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El ciclo del horno, tramo a tramo

Un programa de fusión no es una temperatura, sino una sucesión de tramos con su velocidad, su destino y su tiempo de mantenimiento. Las cifras que siguen son órdenes de magnitud habituales para vidrio de color de dos capas y tres milímetros: cada horno tiene su propia inercia, la posición del termopar cambia la lectura y sólo el cuaderno de cocciones del taller da valores fiables.

Subida

Entre la temperatura ambiente y unos 540 °C el vidrio todavía es un sólido rígido y sólo admite calentamientos moderados, del orden de 150 a 220 °C por hora en piezas finas y bastante menos en piezas gruesas o con moldes voluminosos. Una parada de veinte o treinta minutos alrededor de esa temperatura iguala el conjunto antes de que el material empiece a reblandecer y evita fracturas por diferencia de temperatura entre el centro y el borde.

Proceso y mantenimiento

Por encima de 600 °C ya no hay riesgo de choque térmico y se puede subir deprisa hasta la temperatura de trabajo. El tiempo de mantenimiento hace tanto trabajo como la temperatura: diez minutos de más a 800 °C pueden dar el mismo resultado que veinte grados adicionales, con menos riesgo de desvitrificación y de burbujas.

Enfriamiento rápido

Alcanzado el efecto buscado, se baja lo más deprisa que permita el horno hasta el entorno de 520 °C. Este descenso rápido detiene el proceso, congela la superficie y reduce el tiempo total que el vidrio pasa en el intervalo en el que aparecen las cristalizaciones superficiales. En hornos pequeños se consigue abriendo la tapa unos segundos, con guantes y protección ocular.

Recocido

El recocido es el tramo que decide si la pieza sobrevive. Se mantiene la placa alrededor de 510–520 °C el tiempo suficiente para que el interior y la superficie igualen su temperatura, y después se baja muy despacio hasta unos 370 °C, que es donde la estructura queda ya fijada. Por debajo de 370 °C el enfriamiento puede ser libre, aunque siempre con el horno cerrado.

  • Seis milímetros de espesor: mantenimiento corto de recocido y descenso lento en una sola rampa.
  • Doce milímetros: el tiempo de mantenimiento se multiplica y la rampa de bajada se reduce a la mitad.
  • Piezas con espesores muy desiguales: se programa como si toda la pieza tuviera el espesor del punto más grueso.
  • No abras el horno hasta que el pirómetro marque menos de 50 °C sobre la temperatura ambiente.
Detalle de una superficie de vidrio fundido con capas de color cálido y azul y textura irregular
Superficie de vidrio trabajado en horno: el grado de fusión determina si los bordes de cada pieza siguen siendo legibles o desaparecen en una masa continua.

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Fusión parcial, fusión completa y moldeado

Entre los 720 y los 850 °C el vidrio recorre toda su escala de comportamientos, y unos pocos grados separan un resultado de otro. Reconocer esos umbrales es lo que permite repetir un acabado en lugar de descubrirlo por casualidad.

Fusión parcial

Alrededor de 720–760 °C las piezas se adhieren entre sí conservando su perfil y su relieve. Los cantos siguen marcados y la superficie mantiene el brillo del corte. Es el registro adecuado cuando el dibujo depende de la separación entre elementos.

Perfil redondeado

Hacia 780–800 °C los bordes se redondean, las piezas empiezan a integrarse y el conjunto pierde altura sin llegar a nivelarse. Es un punto intermedio muy útil, aunque también el más sensible al tiempo de mantenimiento.

Fusión completa

Entre 800 y 830 °C la placa se convierte en una superficie única y plana, con los colores unidos y el espesor tendiendo al equilibrio. Las inclusiones quedan encerradas y ya no hay marcha atrás en el diseño.

Moldeado en forma

El moldeado se hace en una segunda cocción, mucho más suave, entre 620 y 680 °C. El vidrio se ablanda lo justo para adoptar la forma del molde por su propio peso. Interesa la temperatura más baja que consiga la curva, porque el calor excesivo marca la textura del molde en la cara inferior y adelgaza las paredes. Cada nueva cocción exige su propio recocido completo, sin excepción.

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Fritas, polvos y láminas metálicas

La frita es vidrio triturado y clasificado por granulometría, del polvo casi impalpable al grano grueso. Sirve para crear degradados, rellenar huecos entre piezas cortadas y añadir textura sin recurrir al corte. Debe pertenecer a la misma familia de compatibilidad que el resto de la placa.

  • El polvo fino cubre y opacifica; aplicado en capa espesa arrastra mucho aire y favorece la aparición de burbujas.
  • El grano medio conserva algo de transparencia y funde de forma bastante homogénea.
  • El grano grueso mantiene su identidad visual incluso después de una fusión completa.
  • La frita se aplica en seco, con tamiz o con cuchara, y nunca se sopla ni se manipula sin protección respiratoria.

Inclusiones metálicas

Las láminas de pan de oro y de plata se encapsulan entre dos capas de vidrio y aportan reflejos que ningún color de masa reproduce. La plata reacciona con los vidrios que contienen azufre y puede virar hacia tonos ámbar o pardos: es un efecto conocido, aprovechable si se busca, molesto si aparece por sorpresa. El cobre se oxida y oscurece, y las láminas gruesas de cualquier metal introducen una diferencia de dilatación que puede agrietar la pieza al enfriar. Cuanto más fina sea la lámina, menos problemas da.

Los hilos y mallas metálicas siguen la misma lógica: funcionan bien encerrados por completo entre capas y mal cuando asoman al exterior, donde la unión entre vidrio y metal queda sometida a tensión permanente.

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Burbujas, agujas y roturas: leer el defecto

Casi todos los defectos del fusing dejan una huella que permite reconstruir en qué tramo del ciclo se originaron. Aprender a leerlos ahorra más cocciones de prueba que cualquier tabla de temperaturas.

Burbujas

El aire atrapado entre capas se dilata al calentarse y busca salida por el borde. Si la placa cierra su perímetro antes de que el aire escape, la burbuja queda dentro y crece. Las causas más frecuentes son una base de horno perfectamente lisa combinada con vidrio muy plano, una subida demasiado rápida entre 620 y 680 °C, una capa espesa de polvo o un molde sin orificios de venteo. Una parada de veinte minutos alrededor de 670 °C, antes de que los bordes sellen, resuelve la mayoría de los casos.

Agujas y puntas

Las piezas acabadas en ángulo muy agudo se contraen hacia el centro y dejan una punta fina y afilada que sobresale del contorno. Ocurre sobre todo en fusión parcial, cuando la pieza aún no ha tenido tiempo de redondearse. Se evita suavizando el vértice antes de la cocción o subiendo el proceso al rango de perfil redondeado.

Velo blanquecino

La desvitrificación aparece como una película mate o una trama de agujas cristalinas en la superficie. Se forma cuando el vidrio pasa demasiado tiempo en la franja alta de temperatura o cuando la superficie estaba sucia. Se previene con limpieza escrupulosa, mantenimientos cortos y un enfriamiento rápido bien ejecutado.

Roturas

Una grieta limpia y recta que atraviesa la pieza suele venir de un recocido insuficiente o de un enfriamiento demasiado brusco por debajo de 520 °C. Una rotura ramificada o con lascas apunta a choque térmico durante la subida. Y una fisura que sigue exactamente la línea de contacto entre dos colores señala incompatibilidad entre vidrios.

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Acabado del canto y seguridad en el taller

Una pieza recién salida del horno rara vez está terminada. El canto puede conservar irregularidades del corte, restos de separador o una punta que quedó fuera del perfil. El repaso se hace con abrasivos de diamante, de grano grueso a fino, y siempre con agua abundante: además de refrigerar y arrastrar el residuo, el agua impide que el polvo de sílice quede suspendido en el aire.

Si después del esmerilado se busca recuperar el brillo, hace falta una cocción corta de pulido a fuego, alrededor de 780 °C con un mantenimiento breve, seguida otra vez de su recocido completo.

Rutina de seguridad

  • Mascarilla de partículas al manipular fibra cerámica, polvos y fritas finas; humedecer la fibra antes de recogerla.
  • Protección ocular con filtro adecuado cada vez que se abra el horno en caliente.
  • Guantes resistentes al calor y superficie despejada para dejar cualquier pieza retirada del horno.
  • Esmerilado siempre en húmedo y limpieza del puesto con bayeta mojada, nunca con escoba ni aire comprimido.
  • Instalación eléctrica dimensionada para el consumo del horno y bien conectada a tierra; la mayoría de los hornos de taller domésticos funcionan a 230 V monofásico y aun así requieren una línea propia.
  • Ventilación durante las primeras cocciones de un molde nuevo o de un separador recién aplicado.

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Qué se publica en Kanoba

Kanoba es un proyecto informativo dedicado exclusivamente al trabajo del vidrio en horno. Todo el material se redacta en abierto, sin registro ni acceso restringido, y se organiza alrededor de los temas que aparecen en esta página.

  • Compatibilidad entre vidrios y métodos de comprobación en el propio taller.
  • Preparación de la placa: corte, limpieza, montaje y control del espesor.
  • Separadores, imprimaciones, papel de fibra cerámica y moldes.
  • Estructura de los ciclos de horno y criterios de recocido según el espesor.
  • Diferencias entre fusión parcial, fusión completa y moldeado en forma.
  • Fritas, polvos e inclusiones metálicas.
  • Diagnóstico de defectos y acabado del canto.

Los textos se revisan y se amplían a medida que las notas de taller lo justifican. Ninguna cifra de temperatura o de tiempo debe tomarse como una receta cerrada: son puntos de partida que cada taller ajusta a su horno, a su vidrio y a sus piezas.

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Contacto

Para correcciones, dudas sobre un texto concreto o propuestas de temas relacionados con el fusing y el moldeado, el proyecto se atiende por correo electrónico.

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